otra tarde de agosto
el sonido de las copas al brindar iluminó el cruce de cómplices miradas. el deseo emanaba desde las pupilas, derramándose y cubriendo cada poro de nuestra piel. la suave brisa llegada del mar, aplacaba apenas el calor de la tarde, mucho menos el de nuestros cuerpos. mis manos comenzaron a dibujar senderos en su piel, …