Loris Karius (o cómo gestionar la presión)

Loris Karius (o cómo gestionar la presión)

Loris Karius. Muchos no tendréis ni idea de quién es. Otros (los más) lo habréis visualizado, vilipendiado, ridiculizado, os habréis mofado de él… Una pequeña parte se habrá sentido mal por él, le habrá hecho compadecerse o incluso lamentar su situación.

Loris Karius es portero del Liverpool Football Club. Se ha hecho archiconocido a nivel mundial por su actuación en la final de la Liga de Campeones de la UEFA. Su “mala” actuación que, con sus errores (fruto de la presión del momento), contribuyó fuertemente a que su equipo perdiera dicho partido y, consecuentemente, no alcanzara “la Gloria”, ha conseguido ponerle como “trending topic” en las redes sociales.

La cantidad de “memes”, burlas, chanzas, historietas y demás que han llenado las redes sociales como Twitter y Facebook, ha sido enorme. Obviamente todas dirigidas a crucificar al mencionado jugador. Sin embargo, quiero destacar otros aspectos de esta situación que siempre suelen pasar inadvertidos, o que simplemente hemos denostado, abandonado o perdido:

 

  • Para perder una final hay que llegar a ella. Solo puede hacerlo quien ha superado a todos los rivales anteriores. Es decir, solo pierde un partido, el último. Y en cambio, perder una final es interpretado mayormente como un fracaso…

 

  • El portero del Liverpool pidió disculpas a su afición … y ésta le respondió con grandes aplausos. Se valora todo en esa ovación: el haber llegado, el haber podido fallar.

 

  • Un partido no lo juega un solo jugador, con lo cual no lo gana ni lo pierde un solo jugador. Lo gana o lo pierde todo el equipo. Sin embargo no valoramos lo mismo el error del delantero que no marca gol cuando estaba todo a su favor, como el error del portero que supone gol. NI el del defensa que pierde un balón importante o el del jugador que comete una falta tonta y le supone tarjeta amarilla, condicionando el resto de su partido así como el de sus compañeros

 

Y todo esto viene a colación porque juzgamos (a los demás) con una facilidad y una superficialidad sorprendente. En ningún momento nadie ha tenido en cuenta los condicionantes de esos momentos. En ningún momento nadie se ha parado a reflexionar sobre la presión que supone jugar una final, en un ambiente caldeado como es un estadio en esos momentos. Los comentaristas (haciendo un halago de virtuosismo comparativo) lo llaman “olla a presión”. Es más, pocos se han parado a imaginar, a pensar qué habrían hecho en esa misma situación, cómo habrían respondido ante la misma.

Desde la televisión es muy fácil ver los errores y criticarlos. También es sencillo ver las causas y la solución, y aplicarla a posteriori (eso ya lo hacemos menos). Pero nunca se podrá ver la tenaz tensión a la que sometemos a nuestras neuronas, tanto en una dirección como en la contraria.

Aprender a manejar esas situaciones, es esencial en un deportista profesional, máxime cuando se compite en las categorías más altas. De cómo se interactue con estas circunstancias dependerá mucho el progreso y la evolución, y por ende la carrera profesional del deportista. Y esto, es aplicable en todos los ámbitos deportivos, en todas las disciplinas y a todos los niveles.

 

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